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Qué salado ¿no?

Si sos estudiante del interior es obvio que te pasaron estas 10 cosas

El primer par de años cuesta acostumbrarse a Montevideo y uno hace gala de lo canario que es. En MiráVo te mostramos 10 cosas que seguramente te pasaron.

1· La encomienda

Tenés la gran suerte de poder estudiar en Montevideo pero cuando llega el día de la encomienda te sentís como un refugiado etíope esperando el container con suministros de la ONU.

¿Qué es lo que no puede faltar en la encomienda?

· Milanesas.
· Pascualina, torta de fiambre o pastafrola.
· Tupper con sobras de un asado.
· 1 kilo de arroz o fideos.
· Bollones y frascos varios. Latas de conserva.
· Algún cacho de torta de cumpleaños que sobró.
· Una guaraná de frontera.
· El buzo que te olvidaste la última vez que fuiste.
· Algún medicamento.
· Una revista de circulación local con plata adentro.
· Una carta de tu vieja si es media paloma o extraña mucho ¡snif!

Y si andamos con plata y no llegó la encomienda: McDonald’s. Cuando los estudiantes del interior estamos enfrente a McDonald’s y con plata somos Parrado y Canessa mirando al pastor chileno.

2· En el primer par de años te volvés como sea cada fin de semana

Absolutamente todos los fines de semana te borrás de la capital y así sólo dejás lustrados los vértices del triángulo Tres Cruces – Tu Casa – Facultad.

Si la última clase termina a las 19:00, ya reservás pasaje para el directo de las 20:00hrs. Sólo te quedás si estás apretadísimo para el próximo parcial o andás medio corto para meter mucho pasaje.

3· El pedo edilicio y burocrático de la facultad

Ah, la puta, esto es más grande que el liceo ¿Cómo que clase de mañana y de noche? Llegué temprano e igual no hay lugar. MÁS FUERTE QUE NO SE ESCUCHA.

¿Cómo que hay paro? Yo no soy ningún feo. Ah, FEUU.

No, tengo internet en el celular, señorita bedel ¿cómo que no se puede desde el celular? ¿cómo carajo me voy a inscribir si quedan menos cybers que canchas de paddle? ¿Hay agua caliente en la cantina? NO SÉ QUIÉNES SON USTEDES.

4· La salvación por si te clavaste un fin de semana: juntada en el hogar estudiantil

“Este viernes baile lluvia en el Hogar Residencial de Lavalleja”. Claro, claro que sí. Un lugar, una noche, para estar de vuelta en la ciudad de uno sin salir de la metrópolis.

Admitámoslo: los hogares estudiantiles son embajadas en donde se cumplen la leyes, normas y costumbres del departamento representado. Incluso, si el estudiante del interior no vive en un hogar estudiantil es de pedir asilo político para una tarde de mates.

5· Empedarse con los ómnibus y las calles

Si no eras asiduo visitante del capital, te queda más fácil entender el manual de un reactor nuclear ucraniano (en ucraniano) que el STM.

¿Cómo que sacar boletos? ¿Dónde? ¿Si voy para el centro el 405 me deja bien? ¿No puedo reservar pasaje? ¿Dónde carajo me bajo?

¿Por qué dice “Bienvenido a La Barra de Santa Lucía” si tenía que ir a Carrasco? ¿Por qué el chofer gritó “¡destino!” si me acabo de subir? ¿Puedo poner el bolso en la bodega?

6· Caminar, caminar, caminar

El estudiante del interior, dado el fracaso logístico del punto anterior, camina, camina y camina.

Y así uno se va manejando sabiendo, más o menos, algunas arterias montevideanas sin jamás separarse de ellas.

18 – Rivera – Rambla – Boulevar – 8 de Octubre – Avda. Italia y no nos vayamos muchos más de ahí porque nos perdemos.

Los más atrevidos ya metemos Google Maps pero a veces se nos complica cuando las manzanas no son cuadradas como en el pueblo de uno.

7· Tomarse un taxi y terminar en Mordor

Contaré una historia que no solamente es verdadera sino también verídica: un amigo de Minas fue hasta la Rural del Prado. Vivía por Tres Cruces y se tomó un taxi.

Le pregunté cómo le había ido y me dijo que suponía que el taxista lo paseó porque en un momento pasó por los juegos del Parque Rodó.

De estas historias: miles.

8· Las embajadas: Cimarrón, El Norte y La Rural

En la semana caminaste 87000 cuadras, te tomaste 27 ómnibus equivocados, recibiste dos encomiendas, fuiste a 47 clases y a dos parciales, tomaste 78 litros de mates y te terminaste la última milanesa.

Llega el viernes, no te vas y es hora de que tus patas demuestren ese grado 5 PhD de cumbia plena 2×1.

A los bailongos con gente como uno. Qué me hablan de chetajes como Lotus, los faloperos de El Bacilón o esos peinados raros de El Living. A incendiarse con amarga con pomelo, a ese vino con frutilla.

—Buenas noches. A cimarrón.
—¿Qué camino preferís?
—Eeeeeeeeeeeeeehhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh…

9· Los primeros amigos y amores montevideanos

Porque al final, uno va queriendo a la capital. Compañeros de facultad que nos abren sus puertas a magna metrópolis llevándonos a lugares inexplorados de la rambla, el Prado, Parque Batlle.

Nos hacen sentir un Magallanes, un Gaboto, un Colón yendo a sus casas para juntarse a hacer el trabajo en equipo. Son montevideanos que no tiene miedo a decirte “tomate el 151 que yo te paso a buscar a la parada”. Esos son amigos. Y GPS.

Por otro lado, uno la va ganando también. La gurisa que se chapó en un bailongo y que ahora, con esto de los celulares, se invita para unos mates entre semana. Como bobeando, te lo llevás o te la llevás un fin de semana para que conozca tu familia y tu ciudad. Ah, loco, eh.

10· Y te vas encariñando con Montevideo

Llegás a tu pueblo, decís qué ganas de tomar unos mates en la rambla y te vas al arroyo. Traés modismos de Montevideo y la gente piensa que te hacés el cheto.

Te empezás a encontrar con gente que se quedó y pensás para adentro “menos mal que me pude ir”. Hacés una requisa en la cocina para ver qué cosas te podés llevar (la famosa “auto-encomienda”).

* * *

Algunos dicen “nunca más vuelvo”, otros “me recibo y vuelvo” y algunos “extrañaba mucho y me volví”.

Lo cierto es que privilegiados aquellos que pudieron estar de los dos lados del mostrador: vivir en Montevideo y vivir en el Interior.

Los dejo que el chofer me acaba de gritar “¡destino!”

¿Te pasó algo más a vos? Comentanos.

* * *

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