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Qué salado ¿no?

Guía de 9 pasos para comer en un carrito como un verdadero uruguayo

Te explicamos en 9 sencillos pasos cómo comer en un carrito de hamburguesas como un verdadero uruguayo.

1. Qué comer

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Acá comienza todo. Tres caminos a la felicidad estomacal nos ofrecen estos magnos puestos móviles de comida. Bueno, movil no porque los carritos están más firmes que teletubbie en cama de velcro. Sería espantoso estar comiendo una hamburguesa y que el servilletero se empiece a mover porque el carrito agarró Libertador pa’ abajo.

Opción 1: Hamburguesa.

Petiso cilindro de carne que gracias a su amigo gringo —el payaso rojo y amarillo— vino a sustituir a nuestro coterráneo chivito (querido pendejo nacido en los 90s: hasta la llegada de McDonald’s, en los carritos se vendían chorizos y chivitos) (sí, sí; posta). Hay varias subfamilias: completa, con queso, común y doble entre otras.

Si vas a pedir la común: dejá de leernos y retirate del planeta. Al carrito se va a hacer chanchadas. Comprate un Francis Mallmann si vas a venir con mariconeadas.

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Si pedís con queso: estás corto de guita o es fin de mes e igual te felicitamos por tener ganas de tapar aún más las arterias. Si tenés plata e igual te pedís una con queso, haceme el favor de comprarte un termofón y no ser tan tibio. Andá a McDonald’s a comer imperialismo y no nos hagas perder el tiempo.

Si pedís una completa: pasá a la página siguiente. 👍

Si pedís una completa doble: pasá a la página siguiente con este diploma y este doctorado de honoris y causa. 👍👍

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Opción 2: Chorizo.

Tan noble como la hamburguesa pero con un toque old school. Opción predilecta para los más veteranos. Pasa a la página siguiente. 👍

Opción 3: Panchos.

Si vas a pedir un mísero pancho: no, en serio, comprate un cumpleaños infantil y salí de acá.

Si vas a pedir un porteño: tomate un Buquebus. Si vas a pedir dos porteños: pasa a la página siguiente. 👍

Si pedís un pancho después de una completa o chorizo: pasa a la página siguiente con honores. 👍👍

2. Qué gusto ponerle

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Si cumpliste 18 años, si sos una persona madura, con capacidad de tomar decisiones propias, si tenés objetivos claros, es porque ya sabés de antemano qué le vas a poner a la completa. Esto, esto, esto y esto. Pim-pum-pam. Sos de los nuestros.

Nada de dudar. Nada de un poquito de aquello. ¿Qué es eso de un “poquito”? Le ponés lo que le ponés y a bancársela, viejo.

Los que ya tienen experiencia y saben comer en un carrito tiene el canto armado ante el qué le ponés a la completa. Ejemplo: ponele morrónaceitunaspicklesmayonesaypicantina. Asi de una. Con seguridad. Hongosalsacriollaaceitunasketchuoymayonesa. Qué tanto de andar preguntando qué es aquello y qué es lo otro. A jugarsela, papá.

Ahora bien, eso si tenés una madurez suficiente porque sino sos de los que no queremos: los que dicen ponele un poquito de todo. No, mijo, no. Hágase hombre. Decida, elija. No puede casarse con todas.

Son los mismos que cuando le preguntas qué música escuchan te dicen “de todos menos cumbia”. Son los que votan en blanco, los indecisos. Hay que jugársela en esta vida. Un morrón, un pickle, algo.

Y si sos de los que pedís de una y mirando a los ojos que te friten la cebolla: usted es de las personas que esta patria precisa.

3. Panes y salsas

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Salsas

El tema de la salsa no es menor, pequeño borrego que comienza en este viaje de ida llamado comer en un carrito. Esto es como los gustos: lo justo y necesario.

Acuérdese cuando era chico, que se le daba por mezclar todas las plasticinas de colores y en vez de tener un arco iris, lograba una masa grisácea que era un asco. Con las salsas es lo mismo: no pongas mayonesa, ketchup, picantina y mostaza todo a la vez. No y no. De eso comen los dragones para el aliento y después lo tenés que bajar con un matafuego.

Panes

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En el universo chorizo hay dos tipos de pan: tortuga y porteño. Si en su carrito amigo no le ofrecen esta disyuntiva, denúncielos ante la OMS y la FAO.

Si usted elige porteño, es lo nuestros. Vaya nuestro saludo a la valentía de romperse los molares ante la cáscara externa de dicho panificado. Si eligís tortuga, andate a Galápagos con ese engrudo que se forma ante el chorro de grasita del chacinado.

4. Cómo comer

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La bolsita con la hamburguesa o chorizo se toma del empleado con la mano izquierda y con la derecha ya ofrece el importe del alimento y, si es posible, en la cantidad justa.

En caso pagar con una cantidad mayor a la pedida, se espera el cambio antes de comer. Los negocios no se mezclan con el placer.

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Una vez cumplida con la etapa comercial, se procede a agarrar con las dos manos el polímero receptáculo que contiene nuestro manjar inclinándose levemente hacia adelante como japonés saludando y se da un mordisco generoso.

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Consejo Cosmo: una vez recibida la comida, pararse estratégicamente delante de un servilletero evitando así todo contacto físico, social y psíquico con otros comensales.

5. La higiene

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Inmediatamente después de la primera probada comienza la danza entre mordiscos e higiene. Una elegante extracción de una o dos servilletas para lustrarse el comedero de restos de salsas y gustos que no quisieron entrar en nuestra boca.

👵 Si usted, amigo, tiene bigotes o barba, use de 2 a 3 servilletas para limpiar los citados vellos faciales.

👱 Si usted, amiga, pegó un labial, hágase el favor de darle un beso previo a una servilleta para que tortuga no aparezca pintada de Maybelline New York.

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6. Qué tomar

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Luego del primer servilletazo se trata de lograr contacto visual con algún empleado del carrito para levantar levemente el dedo índice señalando el deseo de consumo de un refresco, dulce elixir que acompaña al bolo por esófagos caminos.

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Se aconseja una bebida cola, tal vez una alimonada, pero se pide una sabor naranja, le recuerdo que se tiene que retirar a un cumpleaños infantil.

Finalmente, ahora sí, comienza ese vals de bocado, servilletazo en la boca y traguito de refresco. Un, dos, tres. Un, dos, tres. Strauss un poroto. No olvide que por cada bocado, inclinarse levemente hacia adelante como saludando y agradeciendo a los dioses de la plancha y el aceite.
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7. Qué hacer mientras se come

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Nada de hablar. Cuando uno come, uno se transforma en un monje budista zen, en un escriba medieval, en una enfermera pidiendo silencio en la foto de los hospitales de película yankee.

Por lo tanto, uno se dedica a observar. Si es un carrito de los buenos, tendrá una televisión con antenas de cuernitos captando señales de canales abiertos. Por supuesto que si el carrito tiene cable, usted está ante un 5 Estrellas.

En caso de que no haya TV, puede observar a otros clientes que llegan, qué piden, ver si la empleada está buena, si el empleado está bueno, observar sus culos o, simplemente, se sumerge en sus pensamientos y reflexiones personales.

Eso sí: se come mirando al carrito. Darse media vuelta dando la espalda es de mala educación. Por favor, no me hagan rezongar.

8. Postre dulces y salados

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Finalizado la tricotomía bocado-servilleta-refresco, es decir, terminada la hamburguesa o el chorizo, se produce a pedir un postre dulce o salado.

Se estará preguntando cuáles son los postres salados. Nos referimos a pedir para finalizar la velada, un pancho o un pancho con panceta. Si usted acostumbra a hacer eso, pase por acá que usted es un hombre de bien.

Los grado 5 de las cátedras de carritos ya, de antemano, piden la hamburguesa y anuncian un “y andame sacando un pancho con panceta”. Eso es eficiencia, compañero, eso es optimización de recursos, eso es seguridad y saber lo que uno quiere en la vida.

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Capaz que usted pide un postre dulce. Está bien, es respetable. Ahora bien, pida algo contundente, algo que valga la pena haber nacido. Nos referimos, claro está, a la marca que engalana nuestros paladares: Agua Helada.

Nada más qué decir. Si no sabe de qué hablo, qué semántica dispara hablar de tales alfajores, vaya a hacer una receta de Choly Berreteaga.

9. La despedida

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Y claro. El respeto y la cortesía ante todo. Tirando con elegancia y seguridad la última servilleta al tacho de basura, se dice un “muchas gracias, ta luego” dando cuarta vuelta para seguir camino mientras la lengua va haciendo juegos en la boca despejando restos de comida no digerida.

Si sobra refresco, se lo lleva. Sin embargo, lo que puede delatar que usted es fanático de Satán es irse con la hamburguesa, chorizo o pancho por la mitad para terminar de comer caminando a su destino.

No, mi amigo. Se come, como dijimos, delante del carrito como corresponde. Hubiera venido con más tiempo, compañero. Planifique. Agéndese la visita. Disfrute que la vida es una sola.

Epílogo

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Desde MiráVo, recomendamos seguir estos pasos para comer en un carrito como un verdadero uruguayo.

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Bueno, los dejamos que ya nos sirvieron el cuarto de libra con nuggets.