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Qué salado ¿no?

7 personajes y situaciones clásicas de Cinemateca

Cinemateca está a punto de cerrar y en MiráVo le queremos hacer un pequeño homenaje. Que siga por siempre.

1· El langa que usa Cinemateca como primera cita

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✔ Lográs levantarte una minita intelectual, capaz que estudiante de Sociales, Bellas artes o multi-loca nomás con millas acumuladas en Rutas del Sol de tanto meter Cabo Polonio. Con un profundo anhelo de haber sido La Maga, te cuenta su sueño de andar en una Vespa por la bajadita de Sacré-Cœur poniendo cara de Amélie para luego emborracharrse leyendo poemas de Bukowski contemplando la necesidad de una liberación del alma en la América Latina que nos une en millones de abrazos para encontrarse en ese profundo beso que andaban sin buscar pero sabiendo que andaban para encontrarlo.

✔ Y vos querés chuponear nomás.

✔ Se te prende la lamparita y ¡zas!: la invitás a Cinemateca. Claro, viejo, qué tanto Rápido y furioso o stand-ups medio pelo. A ver una de Tarkovsky y ya está, papá. Un Jules et Jim, un Ladrón de Bicicletas, un Perro Andaluz para que te abrace en la parte del ojo o un Bande À Part para meter manito mientras corren por el Louvre.

✔ Te acepta la salida un martes (!) a la función de las 19 en Sala 2. Te imprimís en la oficina el artículo de la Wiki de la película para subrayar y memorizar en el ómnibus. Anotás en el celular un par de citas de Borges como pa’ tirarle por SMS (no usa Whatsapp) y bueno, perfume y a la cancha, campeón.

✔ Se encuentran en el murito de OSE, te sale con no sé qué de la energía cósmica del atardecer y vos con tu mejor cara de Paulo Coelho le decís “te largan a la cancha sin preguntarte si querés entrar, por si fuera poco, de golero” (?).

✔ Le decís de invitar la entrada y ella “No, gracias, soy socia” y vos “Ah, como cuando voy a la Amsterdam”. En la puerta ya estás babeando por una coca y un pop mientras tratás de sacar una conversación profunda pero sólo se te ocurren pases en profundidad de carrilero por derecha en un 4-4-2.

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✔ Bajan la escalera, te quedás como un boludo mirando los fotogramas del caballo cabalgando cuando sale todo el veteranaje de la función de las 17. Entran, te imaginás una sala del Movie y ¡oh, sorpresa! sala tamaño ideal para un garage.

✔ Arranca la película, ponés todo tu orden psicofísico a entender la trama, los encuadres del director de fotografía, qué quiso decir el director cuan–ES UN EMBOLE. NO PASA NADA. ¿NO HABLAN ESTOS ACTORES? ¿QUÉ MIERDA SON CINCO MINUTOS ENFOCANDO UNA FLOR EN EN BLANCO Y NEGRO? ¿POR QUÉ SOMOS SIETE EN LA SALA?

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✔ Salís, le metés un “Qué buena fotografía, ¿no?”, la acompañás a la parada de ómnibus y para la próxima le decís de ir a un boliche a ver si aceleramos el trámite porque la cosa viene más demorada que 2001 en cámara lenta.

2· Los estudiantes de cine

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✔ Pichón de infancia-adolescencia en los 90 con el catálogo de video club memorizado que ahora quiere dar sus primeros pasos en la ECU, en alguna universidad privada o curtió filmadora antes de la época de los celulares.

✔ Con la esperanza de ser un nuevo Tarantino, un Kubrick, un Godard, se va a Cinemateca a sacar apuntes “visuales”, a poner cara de Mirtha Legrand cuando se hace la que interesa algo, a meter función doblete y festivales enteros de directores.

✔ Son de los que entrás a la sala y ya estaban adentro o igual se quedan sentados fumándose los créditos y empezás a sospechar que están usando pañales geriátricos.

✔ Se comen todo los bodrios. TODOS. A los clásicos no van porque “son mainstream” y luego en el proyecto de facultad meten 45 planos rarísimos porque “Kubrick en la Naranja Mecánica lubricaba las cámaras con dulce de membrillo para expresar el peligro del hombre por ser superado por las máquinas de sacar ganchitos”.

3· El veterano nostálgico

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✔ Típico veterano que aprovechando sus días de merecido descanso luego de una vida de laburo, mete un par de cinematecazos pensando que es Toto, el botija de Cinema Paradiso.

✔ Por lo general va a los clásicos que ya vio hace mil años porque le recuerdan a cuando fue al estreno y mientras van corriendo las escenas en blanco y negro verde moho en plano americano cinemascope recortado a lo bestia a 4:3, su mente (¡su alma!) vuela a sus años mozos de cine barrial, a la pebeta de la otra esquina, al boleto al precio de un vintén, cuando tenía pelo y fumaba todos los días. La puta, qué lindo aquello.

✔ Porque lo hermoso del cine, lo precioso de Cinemateca, es que te hace director de los mejores recuerdos en esa película llamada qué bueno que todo valió la pena y hoy puedo volver a ser aquel que fui sin dejar de ser el que soy hoy.

✔ Eso sí: prolijidad ante todo. Bañado, perfumado, engominado, camisa, zapatos lustrados y pantalón pinzado. Calzoncillos con la línea del costado planchada. No sabés si está yendo al cine o a un casamiento. Ellas: sacón de piel, maquillaje tirando a revoque, brushing reciente, perfume o colonia y la mejor bijou.

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✔ Toda esa elegancia, claro, al lado del hippismo Converse-chupín del estudiante de cine con las patas apoyadas en el asiento de adelante.

4· Los problemas técnicos

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✔ Y no, mi viejo. Cinemateca no es un HD 528 pulgadas con 5 entradas HDMI, 877 canales, wifi y parrillero al fondo.

✔ Cinemateca es una pantalla que si la soplás se cae. Es donde se proyectan películas que si están en blanco y negro más bien que ves sombras medio Dr. Caligari con matices verdosos, donde el sonido si es en estéreo sale por un solo canal o ves el logo del reproductor del DVD. Asientos duros, el piso a medio barrer, el olor a encerrado, a cine viejo, a siglo XX, a un mundo que ya pasó pero por esa magia, vuelve a estar en vos.

✔ El programa impreso en papel obra, la película que arranca los primeros 10 minutos sin sonido, los subtítulos desfasados.

✔ Igual, Cinemateca siempre está regalando lo lindo de la intangibilidad de las aventuras cual anécdota de abuelo porque como sabemos, Cinemateca ya es una película en sí.

5· Los bodrios

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✔ Siempre habrá un fisurado que se coma el “Festival de alumnos de 1er año de cine independiente amateur Super-8 de Kazajistán” o el “Ciclo de grandes actores esquimales” y sin olvidar el “Mes de las películas donde la acción se desarrolla en un Fitito”.

✔ Está bien que así sea porque no todo es un rápido-y-furioso-minion en la vida. Adelante, queridos directores del barrio obrero de Ulán Bator: en Cinemateca veremos su arte. Habrá un par que roncarán y otros se levantarán con cara de “Me bajo una completa en el carrito de 18 y Tacuarembó” o “Me hago un surtido en el Ta-Ta de abajo y vuelvo para la función de las 9” o los que ya cruzan y aprovechan a hacer un reclamo en la OSE.

6· Los clásicos

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✔ Nunca fallan un “Padrino”, un “Pulp Fiction”, un “Taxi Driver”. Hasta un “Duro de Matar”, por qué no.

✔ En Cinemateca está instalado el prejuicio del punto anterior pero también hay lugar para los clásicos e incluso, pequeño desinformado, estrenos (claro, m’hijo, en Cinemateca pasan estrenos, no todo es Shopping en la vida).

✔ Y la mayoría de los clásicos los vimos en VHS en algún perdido día de los años 90 que ahora morimos por ver en pantalla grande y recordar susurrando los mejores diálogos.

✔ Cuando nos preguntan qué vamos a ver, siempre nos retrucan con un “Pero ¿esa ya no la viste?” y vos ¯\_(ツ)_/¯

7· El auto-cine

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✔ A falta de pop, refrescos o panchos, siempre hay uno que morfa en plena función. Mientras arranca una de Truffaut, el tipo te pela una pascualina de un tupper de Crufi que le sobró del almuerzo y por allá atrás sentís el ruido de un mate terminado o el veterano que metió unas Bridge que descubrió gracias a sus nietos.

✔ A veces te encontrás con el que va de pic-nic en pleno festival de Kurosawa con repasador y botella de Salus sin etiqueta con un Tang de naranja adentro.

✔ Eso sí: nada de ruido de pop. A lo sumo, una baranda a torta de fiambre cuando están por limpiar a uno en los Siete Samurais.

✔ Y no olvidemos la veterana que desenvuelve un caramelo incrustado en siete papeles celofán metiendo tremendo ruidaje en plena película de Bergman.

Y que nunca falte:

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✔ Hacerse socio de Cinemateca, ir una vez y nunca más.

✔ Recordar la voz de Manuel Martínez Carril diciendo “En Cinemateca usted vale x 2”.

✔ Dormirse.

✔ Apoyar las patas en el asiento de adelante cuando hay poca gente en la sala.

✔ Batir el récord de estar SOLO en la sala mirando un bodrio iraní.

✔ Salir de un divague galopante y ver la cara de todos pensando qué carajo acabamos de ver.

✔ Que la película o el audio se corten en la mejor parte.

✔ Levantarse e irse porque no venís entendiendo una mierda.

✔ Quedarse de colado para la próxima función.

✔ Y que nunca falte el placer de ver el mejor cine por dos pesos, que por una cuota que no vale casi nada te llena el alma de hermosas imágenes, te hacen viajar en espacio-tiempo sin alas y te muestra películas que difícilmente Google te diga “Tenés que mirar esta”.

✔ Que nunca falten las imperfeccciones de las salas, del audio, de los asientos y las pantallas.

✔ Que nunca falte Cinemateca porque sin ella se nos va un poquito de memoria y ya sabemos que necesitamos recuerdos —reales o ficticios— para dar otro pasito pa’adelante.

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